Mensaje del rector

Una universidad jesuita es siempre una universidad histórica, esto es, conformada en su identidad y sus funciones según las exigencias de la concreta realidad en la que se inserta.
Esto quiere decir que no existe un modelo único de universidad jesuita, ni los modelos que existen lo son de una vez para siempre. La calidad e idoneidad de una institución universitaria de la Compañía de Jesús se mide, consecuentemente, en relación con la respuesta que da a las necesidades históricas del entorno en cada tiempo y lugar, es decir, por un criterio esencialmente político de pertinencia social. El saber que cultiva una universidad así, es siempre un saber situado y crítico, cuya orientación central es la justicia y la vida verdadera para todos y todas.

La universidad ignaciana tiene, pues, la experiencia histórica de la realidad que la rodea y experimenta frente a ella la exigencia ética de trabajar para transformarla. En nuestro país, esa realidad la hemos experimentado como injusta e irracional, y la exigencia ética la vivimos como el impulso a trabajar a favor de aquellos cambios que propicien una realidad más justa, solidaria, libre, incluyente, productiva y racional. Esto lo queremos hacer universitariamente, y con espíritu cristiano.


Una universidad jesuita será entonces mejor universidad, en la medida en que entienda mejor la realidad en la que se inserta y contribuya a transformarla con mayor eficacia desde todo el saber humano y a través de sus funciones sustantivas.

Una universidad de la Compañía será de mayor calidad en la medida en que forme a los profesionales que la sociedad necesita para edificar y animar una sociedad más humana, más pacífica, más solidaria y equitativa. La calidad académica de una institución ignaciana será mayor en tanto sus conocimientos y saberes surjan de la realidad social a la que se debe y respondan de manera más adecuada a las necesidades que esa realidad le plantea.

Una universidad nuestra, será excelente académicamente cuando su docencia, su investigación, su vinculación social y la innovación que realiza sean pertinentes socialmente: transmitir, construir y gestionar conocimientos, que tengan que ver con la concreta realidad socio-profesional de las carreras, con la particular realidad sociopolítica del país, y con el proyecto futuro de nuestros pueblos. Una universidad de calidad es, pues, aquella que es pertinente para el entorno, para su contexto concreto, desde un saber riguroso, avanzado, crítico y flexible.

Estos presupuestos, emanados de las orientaciones de la Compañía de Jesús para sus obras educativas, han estado a la base de nuestra planeación al 2030 y constituyen el horizonte de sentido en el que se insertan las líneas, dimensiones y objetivos estratégicos que ahora presentamos.

La planeación estratégica al año 2030 que ponemos ahora en manos de nuestra comunidad universitaria quiere ser un estímulo y un faro guía para nuestra actividad institucional. Llevamos un tesoro en vasijas de barro -como decía el apóstol Pablo.

Lo valioso es lo que traemos entre manos, aunque, a veces, el día a día nos haga perderlo de vista.

Mtro. David Fernández Dávalos,
Rector de la Universidad Iberoamericana
Ciudad de México-Tijuana

Mensaje del rector